¿Y si me haces caso?

Hoy a la hora de la comida le hice una pregunta bastante complicada a Mateo:

“Mi amor, ¿Prefieres agua sola o agua de limón”

Entiendiendo la complejidad de mi pregunta, y su falta de respuesta en absoluto, volví a repetirla por segunda ocasión.

Después de la segunda vez que no respondía, y que más bien parecía que ni siquiera me estaba escuchando, aunque le estuviera preguntando frente a frente, su papá decidió ayudarme en la complicada situción e intervino:

“Mateo, tu mamá te está hablando, ¿Qué si quieres agua sola o de limón? Contéstale por favor”.

Y entre murmullos y gruñidos de niño zombie dijo: (Creo que pidió de limón, pero no estoy segura).

Y justo en la noche estaba hablando con una amiga sobre esta situación de sordera (o complicación extrema para contestar a preguntas tan desafiantes como la que hice en la mañana) generalizada en los niños.

Después, me topé con un artículo muy interesante sobre el “mmmhhmm y el ajá” de los papás hacia los hijos, donde, con tal de no decirles “shuuú niño, no estés jeringando con las historias de tu día”, les damós el más grosero avión con esas dos pseudo palabras, accediendo a cosas que luego ni idea tenemos, además de darles a entender que lo que nos dicen no nos importa y, por ende, que lo que ellos son, tampoco, lo que está bastante mal si uno quiere criar a niños con amor propio.  (pueden leer el artículo completo en:  http://www.scarymommy.com/what-not-say-kids-parenting/)

En el momento que leía el artículo, me acordé del desayuno y me acordé también de todas las veces que contesté “mmhhmm y ajá”, cosa que mis hijos realmente odian puesto que me lo han dicho abiertamente:  “Mamá, contesta como humano, con palabras” (así, literalmente), lo que he tratado de hacer, pero reconozco que aún se me salen mis gruñidos cavernícolas.

Y así como lindos espejitos (o a veces feos espejotes) que son nuestros hijos, me vi reflejada en Mateo y en su completa falta de respuesta.

Entiendo que las jerarquías existen (reconozco que todavía no entiendo del todo cómo funcionan en esta familia), que el respeto ES el respeto, y que tal vez lo que antes iba en una sola dirección ahora va de ida y vuelta.

Porque aunque mi hijo sea un pequeño humanito que depende de mí todavía para muchas cosas, no me va a hacer caso si yo no le hago caso,  y no estoy hablando de obediencia (aunque creo que con la obediencia puede ser lo mismo), sino de prestar atención, y no lo digo como un acto de “venganza” de “Si me la haces me la pagas”, sino como  un puro y natural acto de “reflejo”, donde “yo hago lo que veo y lo que vivo a diario porque es normal, ¿no?”  y del famosísimo “No hagas a otros lo que no quieres que te hagan”.

Y como de verdad de verdad, en serio en serio, quiero que Mateo me conteste a la primera y con palabras “de humano” cuando le pregunto si quiere “A” o si quiere “B”, creeeeoooo que yo debería de empezar a prácticar el mismo ejercicio de hacerle caso de principio a fin cuando llega con sus mil palabras a contarme sus increíbles (y, por supuesto, a veces, interminables) historias.

 

 

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